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¿Tu equipo está trabajando o sobreviviendo a la pantalla?

  • Foto del escritor: William Romàn
    William Romàn
  • hace 6 días
  • 7 min de lectura

Hay una diferencia enorme entre pasar ocho horas frente a una computadora y pasar ocho horas trabajando bien frente a una computadora.

Piensa en María.

Son las 8:47 de la mañana. Ya abrió su computadora, revisó correos, respondió mensajes y tiene seis pestañas abiertas. A las 10:30 empieza una reunión. Después vienen reportes, Excel, videollamadas, WhatsApp, presentaciones y otra reunión.

A las 2 de la tarde todavía siente que puede con todo.

A las 4:30 empieza a frotarse los ojos.

A las 5:15 lee dos veces el mismo correo.

A las 6:00 cierra la computadora.

Y cuando alguien le pregunta cómo estuvo su día, probablemente responde:

“Bien… estoy cansada.”

El problema es que María no siempre identifica de dónde viene ese cansancio.

¿Fue el trabajo?

¿La presión?

¿Las reuniones?

¿Dormir poco?

¿O fueron ocho, nueve o diez horas mirando una pantalla casi sin descanso?

Esta escena se repite todos los días en miles de oficinas.

Y como sucede tan seguido, muchas empresas han empezado a considerarla normal.

Pero que algo sea común no significa que debamos ignorarlo.

1. El trabajo cambió… pero nuestros hábitos visuales no

Hace algunas décadas, una persona podía pasar buena parte de su jornada caminando por la oficina, hablando con compañeros, revisando documentos impresos, haciendo llamadas o realizando actividades que exigían diferentes distancias de visión.

Hoy puedes pasar prácticamente todo el día mirando el mismo punto.

La computadora.

Después el teléfono.

Luego otra pantalla para una videollamada.

Y al terminar el trabajo, probablemente viene Netflix, Instagram, YouTube o algún videojuego.

Nuestros ojos acompañan toda esa jornada.

Y aquí quiero hacer una aclaración importante: usar una computadora no significa automáticamente que estés dañando tus ojos de manera permanente.

El problema aparece cuando combinamos muchas horas de pantalla con malos hábitos: pocas pausas, mala iluminación, una distancia incorrecta, reflejos, una postura inadecuada o una graduación que ya no corresponde a nuestras necesidades.

Ese conjunto puede contribuir a síntomas de fatiga visual digital, como ojos secos, sensación de cansancio, visión borrosa temporal, dificultad para enfocar, molestias en los ojos o dolor de cabeza.

Y hay algo particularmente interesante:

muchas personas simplemente se acostumbran.

Piensan que terminar el día con los ojos pesados es parte del trabajo.

No necesariamente.


Si trabajas en RH, observa esta semana a tu equipo. ¿Cuántas horas pasan frente a una pantalla y cuántas pausas visuales hacen realmente?


2. El momento en que el cansancio empieza a afectar el trabajo

Hay una escena que probablemente has visto.

Son las 5 de la tarde y alguien lleva horas frente a Excel.

Abre un archivo.

Busca un dato.

Lo encuentra.

Lo vuelve a revisar.

Y después descubre que llevaba varios minutos mirando la pantalla sin realmente procesar lo que estaba leyendo.

No significa que esa persona sea poco eficiente.

Tampoco significa que no tenga capacidad.

Significa que el cansancio puede cambiar la manera en que enfrentamos tareas que normalmente hacemos con facilidad.

Cuando los ojos están incómodos, cuando cuesta enfocar o cuando aparece visión borrosa temporal, mantener la atención puede resultar más difícil.

Y ahí aparece una pregunta que para cualquier responsable de RH debería ser interesante:

¿Cuántas veces interpretamos como falta de concentración lo que quizá comenzó como incomodidad física?

No estoy diciendo que cada error en una empresa tenga relación con la visión.

Eso sería absurdo.

Pero tampoco tiene sentido ignorar un factor que forma parte de prácticamente todas las actividades digitales de una oficina.

Cuando una persona trabaja ocho horas frente a una pantalla, su experiencia visual forma parte de su experiencia laboral.

Y eso convierte a la salud visual en un tema que RH debería observar.


Si diriges personas, pregúntate algo sencillo: cuando un colaborador pierde concentración al final del día, ¿Qué factores estás considerando antes de atribuirlo únicamente al estrés o al cansancio?

3. “Pero nadie se ha quejado”

Este es uno de los mayores problemas.

La ausencia de quejas no significa ausencia de problemas.

Imagina que María siente los ojos secos todas las tardes.

No va con RH.

No levanta la mano en una reunión.

No manda un correo diciendo:

“Necesito ayuda porque mis ojos están cansados.”

Simplemente hace algo mucho más común.

Se acostumbra.

Baja un poco el brillo.

Se acerca más al monitor.

Se frota los ojos.

Se levanta por agua.

Cierra los ojos unos segundos.

Y continúa.

Con el tiempo, ese comportamiento se convierte en parte de su rutina.

Por eso creo que una estrategia de bienestar no debería esperar a que los empleados presenten una queja.

Una buena estrategia también puede anticiparse.

Y aquí aparece una oportunidad enorme para las áreas de Recursos Humanos.

En lugar de preguntar únicamente:

“¿Qué problemas tiene nuestro equipo?”

También vale la pena preguntar:

“¿Qué problemas podríamos prevenir antes de que se conviertan en problemas?”

La salud visual entra perfectamente en esa conversación.


Haz una pregunta sencilla a tu equipo esta semana: “¿Terminas tu jornada con los ojos cansados?” La respuesta puede sorprenderte.


4. La pantalla no es el enemigo

Quiero detenerme aquí porque este punto me parece fundamental.

No se trata de declarar la guerra a las computadoras.

Sería imposible.

La computadora no es el problema.

De hecho, probablemente sea una de las herramientas más importantes de tu empresa.

El problema aparece cuando exigimos muchísimo a nuestros ojos y les damos muy poco tiempo para recuperarse.

Es como cualquier otra parte del cuerpo.

Si pasas horas sentado en la misma posición, probablemente terminarás sintiendo molestias.

Si trabajas durante horas sin levantarte, tu cuerpo lo nota.

Y con la visión ocurre algo parecido.

Tus ojos necesitan cambiar de distancia de enfoque, parpadear, descansar y trabajar en condiciones adecuadas.

Pequeños hábitos pueden marcar una diferencia importante:

Mirar periódicamente a distancia.

Parpadear con frecuencia.

Hacer pausas.

Reducir reflejos en la pantalla.

Mantener una distancia adecuada del monitor.

Ajustar la iluminación.

Utilizar una graduación adecuada para tus necesidades.

No necesitas convertir la oficina en un laboratorio.

Necesitas empezar a prestar atención.


Hoy mismo revisa el espacio de trabajo de una persona de tu equipo: iluminación, reflejos, distancia al monitor y posición de la pantalla. Empieza por ahí.


5. ¿Y qué tiene que ver esto con productividad?

Muchísimo.

Pero no porque unos lentes mágicamente conviertan a alguien en una persona más productiva.

La productividad no funciona así.

La productividad depende de muchas variables: procesos, liderazgo, herramientas, capacitación, motivación, descanso, ambiente laboral y condiciones físicas de trabajo.

La visión es una pieza más del rompecabezas.

Y precisamente por eso vale la pena atenderla.

Piensa en una persona que pasa ocho horas leyendo textos pequeños, revisando números, contestando correos y trabajando con información visual.

Si termina la jornada con molestias constantes, probablemente su experiencia laboral no sea la misma que tendría si trabajara cómodamente.

Ahora multiplica eso por 50 empleados.

O por 200.

O por 1,000.

Ahí es donde una conversación aparentemente pequeña —“¿cómo estamos cuidando la visión de nuestros colaboradores?”— empieza a convertirse en una conversación empresarial.

Porque RH no solamente administra nómina.

RH construye experiencias.

Y cada detalle que facilita que una persona trabaje mejor también contribuye a construir una mejor experiencia laboral.


Si estás en RH, agrega una pregunta a tu próxima conversación sobre bienestar: “¿Cómo estamos cuidando la salud visual de nuestros colaboradores?”


6. Hay otro problema: confundimos cansancio con normalidad

Quizá esta sea la parte que más me interesa.

Nos hemos acostumbrado a terminar agotados.

A decir:

“Así es el trabajo.”

“Todos estamos igual.”

“Ya me acostumbré.”

“Es normal después de estar todo el día en la computadora.”

Pero una cultura empresarial saludable no debería consistir simplemente en aprender a soportar las molestias.

Debería buscar mejores formas de trabajar.

No se trata de eliminar todas las incomodidades de una jornada laboral.

Eso sería imposible.

Se trata de identificar aquellas que podemos prevenir o reducir.

Y la fatiga visual digital pertenece precisamente a esa conversación.

A veces una mejora no necesita ser espectacular.

Puede comenzar con una pausa.

Un ajuste de iluminación.

Una mejor posición frente al monitor.

Una revisión visual.

Un espacio de trabajo mejor diseñado.

Un colaborador que entiende cómo cuidar sus ojos.

Pequeñas acciones.

Pero repetidas todos los días.


Si alguna vez has pensado “así es el trabajo”, detente un momento y pregunta: “¿Realmente tiene que ser así?”


7. ¿Qué puede hacer RH desde hoy?

No necesitas aprobar un presupuesto enorme para comenzar.

Puedes empezar educando.

Puedes compartir recomendaciones sencillas sobre descansos visuales.

Puedes hablar sobre ergonomía.

Puedes recordar a los colaboradores que revisen periódicamente su visión.

Puedes promover mejores hábitos frente a las pantallas.

Y puedes preguntar qué problemas experimentan durante su jornada.

Después puedes avanzar hacia iniciativas más completas.

Por ejemplo, llevar una campaña de revisión visual directamente a las instalaciones.

Eso permite acercar el servicio al colaborador en lugar de esperar que cada persona encuentre tiempo para acudir por su cuenta a una óptica.

Precisamente de ahí nació Óptica Ejecutiva de Óptica Román.

La idea es sencilla:

llevar la atención visual hasta las empresas.

Realizo campañas dentro de las instalaciones para que los colaboradores puedan revisar su visión de una manera práctica y accesible, sin costo para la empresa y sin compromiso de compra.

Pero hay algo que considero todavía más importante.

No quiero que una campaña de salud visual se convierta simplemente en “otro beneficio más”.

Quiero que ayude a abrir una conversación.

Una conversación sobre cómo están trabajando las personas.

Sobre cuánto tiempo pasan frente a una pantalla.

Sobre qué necesitan.

Y sobre qué puede hacer una empresa para que su gente pueda trabajar y vivir mejor.


Si eres responsable de RH y quieres conocer cómo funciona Óptica Ejecutiva, escríbeme. Con gusto te explico el programa y vemos si puede adaptarse a tu empresa.


8. Porque detrás de cada pantalla hay una persona

Al final del día, esta historia no trata realmente sobre computadoras.

Tampoco trata sobre lentes.

Trata sobre personas.

María no es una computadora frente a otra computadora.

Es una persona que tiene objetivos, responsabilidades, familia, amigos, sueños y una vida después de las seis de la tarde.

Cuando termina su jornada, merece poder cerrar la computadora y seguir disfrutando su día.

Ver a sus hijos.

Manejar.

Leer.

Salir a caminar.

Ver una película.

Disfrutar una cena.

Mirar el mundo.

Por eso creo que cuando hablamos de productividad no deberíamos hablar únicamente de cuánto produce una persona.

También deberíamos hablar de cómo se siente mientras lo hace.

Porque una empresa puede perseguir resultados y, al mismo tiempo, cuidar a las personas que hacen posibles esos resultados.

No son objetivos contradictorios.

De hecho, creo que ahí está una de las grandes oportunidades para Recursos Humanos.

Construir lugares donde las personas no solamente trabajen, sino donde puedan trabajar bien.

Y quizá todo pueda comenzar con algo tan sencillo como mirar de otra manera la pantalla que tenemos enfrente.


Si este tema te hizo pensar en tu equipo, comparte esta publicación con alguien de RH. Y si quieres explorar una campaña de salud visual en tu empresa, mándame un mensaje.

Soy William Román, fundador de Óptica Román.

Óptica Ejecutiva: llevamos la atención visual hasta tu empresa para que tus colaboradores no tengan que elegir entre trabajar y cuidar su visión.



 
 
 

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